Van den Brink, Gijsbert, y Cornelis van der Kooi. Dogmática cristiana: Un pensamiento integral sobre Dios, las personas y la sociedad. Viladecavalls: Editorial CLIE, 2026.
Esta Dogmática cristiana constituye una de las contribuciones más lúcidas y pedagógicamente logradas de la última década, consolidándose como un recurso indispensable para quienes buscan una fe que no precise sacrificar el rigor intelectual. Gijsbert van den Brink y Cornelis van der Kooi han producido una síntesis que logra navegar con éxito entre el fundamentalismo reactivo y el secularismo estéril, ofreciendo una visión del cristianismo que es, a la vez, lealmente ortodoxa y profundamente dialógica. Su llegada al mundo hispanohablante bajo el sello de Editorial CLIE no solo cubre un vacío en la manualística de la teología sistemática, sino que propone un camino metodológico que rescata la relevancia académica de la dogmática sin perder su anclaje eclesial. El resultado es una obra que cumple con creces su promesa de hacer la fe cristiana inteligible y plausible en un contexto de modernidad tardía, destacando por su honestidad intelectual y su negativa a ofrecer respuestas simplistas a problemas complejos.
Proveniente de la Universidad Libre de Ámsterdam, el texto es el heredero directo del legado neocalvinista de Abraham Kuyper y Herman Bavinck, donde la fe interactúa activamente con la ciencia, el arte y la política. Metodológicamente, la obra destaca por su enfoque posfundacionalista, una postura que reconoce que nadie piensa desde el vacío absoluto. Mientras que el «fundacionalismo» clásico pretendía construir el conocimiento sobre cimientos lógicos que cualquier persona debiera aceptar por pura obligación racional, el posfundacionalismo admite que todos operamos desde una tradición y una «mochila» cultural previa. En lugar de intentar probar a Dios desde un «vacío neutro» —una tarea que los autores consideran una batalla perdida—, Van der Kooi y Van den Brink nos invitan directamente al interior de la «casa de la fe». El argumento es que, aunque no exista un terreno neutral, la racionalidad cristiana es internamente robusta; al entrar en la casa, se descubre que sus ventanas ofrecen una visión del mundo mucho más coherente que las alternativas seculares.
Esta estructura del pensamiento está profundamente marcada por las ideas de Karl Barth. Siguiendo la estela del teólogo suizo, los autores sostienen que no se puede hablar de un «Dios genérico» al que luego se le añade la identidad de Jesús. Para ellos, Dios solo se conoce a través de su autorrevelación en Jesucristo, lo que implica que todo concepto de poder, justicia y amor divino pasa por el filtro de la cruz. Este enfoque es especialmente brillante al tratar la Trinidad, que deja de ser un acertijo matemático para convertirse en la expresión relacional definitiva: si Dios es amor en su esencia, no puede ser un Dios en soledad absoluta. Esta perspectiva abre puentes de diálogo fascinantes con otras religiones monoteístas al mostrar un Dios que es, en sí mismo, comunión y alteridad.
Donde el libro realmente se «ensucia las manos» es en su diálogo con la biología moderna. Van den Brink, especialista en la intersección entre fe y ciencia, utiliza una analogía histórica magistral basada en el caso de Copérnico. Así como en el siglo XVII los teólogos aprendieron que la Biblia no era un manual de astrofísica, los autores sugieren que hoy cometemos un «error de categoría» al enfrentar el Génesis con la evolución. No rehúyen el problema del mal evolutivo, proponiendo una «teodicea del bien mayor» que ve el acto creativo de Dios como un ecosistema vivo al que se le da espacio para desarrollarse, asumiendo los riesgos de un universo capaz de generar libertad moral. Es una postura audaz que mantiene el rigor científico sin sacrificar la ortodoxia reformada.
Sin embargo, el lector debe ser consciente de ciertas limitaciones. El texto posee un marcado sesgo occidental, especialmente en su tratamiento del pecado como una «culpa jurídica» propia de la herencia romana, lo que podría resultar insuficiente para contextos del sur global donde las categorías de «vergüenza y honor» son primordiales. Asimismo, existe una preocupación válida sobre si un enfoque tan centrado en la acción histórica de Jesús podría desplazar la meditación sobre la esencia eterna de Dios. Con todo, Dogmática Cristiana es un triunfo. Su formato, que conecta los temas con la cultura moderna y el pensamiento crítico, demuestra que la fe y el intelecto se enriquecen mutuamente. Es, en última instancia, el mapa que muchos estábamos buscando: el testimonio de una comunidad que piensa su fe en un mundo que no deja de cambiar.
Jacmer Peralta, BTh
Seminario Teológico Artes Ministeriales
Deja una respuesta